The next paradise me espera en este amanecer metálico
que se va alargando desde los vidrios opacos de nieve
hacia las torres de cemento que cercenan el horizonte.
La aurora es la misma en todo el planeta,
cuando gira cada mañana es como ésta,
descubre los sueños incompletos
de los hombres que nunca terminan de despertar.

La chica que duerme a mi lado me prometió un paraíso
detrás de un velo de whisky y humo de Marlboros,
con su boca de blancos dientes y labios blandos
me sonreía y me prometía, me prometía y me sonreía,
the next paradise.

Esas rojas fauces de la felicidad entonces
me hundieron en una noche de velas ardientes
con la música intermitente de los vecinos de habitación
en el borde de mi percepción.

Después del estallido blanco, de la espuma y los abrazos
nos dormimos y yo entré en sus sueños para seguir amándola.
Pero sus sueños eran blancos, eran grises,
eran grandes extensiones vacías,
eran indiferentes sueños para mí,
una pequeña ola de un inmenso mar desconocido.

Cuando te prometan el paraíso,
con una boca susurrante de fauces calientes,
pensé en sueños,
no pienses que estará entre esos labios,
no, los labios son apenas una carnada,
el cebo que se gasta con la primera víctima,
el fondo de todo es blanco, es inabarcable,
es melancolía pura sin final.

Sólo queda consolarse pensando en conseguir un ticket
hacia el paraíso siguiente,
el que comienza con cada aurora
con cada amanecer.

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