El conduce su motocicleta plateada
en medio de dos de sus mejores amigos.
Ella, grano invisible detrás de su espalda,
se deja llevar desde siempre
por el ímpetu del apocalipsis.

El la ha dejado hace kilómetros
en medio de un valle azul,
la ha dejado al cuidado del viento
y de las hojas en una habitación
que podría estar en cualquier lugar del mundo
pero está aquí,
en medio de los valles azules
rodeada de cactus eternos.

El, erguido sobre su motocicleta
la ha dejado sola
porque ella ahora ya no siente la deriva,
él ha comprendido al fin la obsesión de ella
ha comprendido por que
ella respiraba su nombre
en todos los lugares donde iba.

El, oscura estatua de aceite
sobre su motocicleta plateada
casco de acero
piernas de cobre
recorre la mitad de estos desiertos
con el grano invisible palpitando
en el centro de la espalda.

Ella abre los ojos mientras
su cabeza descansa en una cruz
deja que el sudor corra por su cuerpo
hasta poder exhalar el último aliento de él
y así llegar a levantarse,
salir de esa habitación a esperar
mientras contempla
el valle azul que la llama.

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